viernes 4 de julio de 2008

A una joven de mal carácter

Si fueran curvas suaves los enojos:
¡Qué enojos recorrieran tu figura!
Enojos en tus pechos, tu cintura…
Enojos cuanto en ti paran mis ojos.

Si fueran para amar tus labios rojos,
que no para el reproche y la amargura,
no hubiera en boca alguna más dulzura
que en esa en que se hielan mis antojos.

Hija del tedio, hermana de la cuita,
garganta de zarzales y de gayas
donde el viento más dulce se marchita.

No habiendo paz por lejos que te vayas,
- perdóneme Neruda por la cita -
me gusta cuando duermes… porque callas.


(de El paso herido)